domingo, 15 de noviembre de 2015

581


Hoy por primera vez en la semana, me he reído. No sonreído absurdamente o soltado una carcajada fácil. Me he reído hasta partirme por la mitad. Risas que hacen temblar las paredes. De las que estallan.
Quizás ha sido el plato de arroz.
Quizás ha sido la agenda nueva y un te de canela.
O quizás simplemente fue el rugby. Que de nuevo me salva la vida.
O más bien ha decidido perdonármela en este sábado incierto. Ha pasado curiosamente rápido, y eso empezaba a echarlo de menos.
La soledad me sienta mal, por mucho que tu lo digas corazón.
Mañana será otro día del que no esperar nada. A ver qué nubes me acechan.

viernes, 13 de noviembre de 2015

580

Últimamente siento la necesidad de escribir aquí todos los días. Quiero dejar constancia de todo lo que siento porque yo misma no doy crédito de ello. A veces me aterra y otras me calma. Y luego lo leo todo y es como ver una película de miedo una y otra vez. Hay a quienes les gustan las películas de miedo. De locos está lleno el mundo.

Mi película de terror de ahora es la de comer. No entiendo muy bien que parte de mi cabeza se ha roto para que yo rechace/evite/deteste la hora de comer. Me da angustia. No me apetece, estoy llena de tristeza, no cabe ni una galleta.
La sensación de que me va a explotar el pecho de la presión que siento cada vez que me preguntan que qué quiero de comer no la había sentido nunca.
Vivo en una familia dada al buen comer. Es imposible no comer en esta casa si estas acompañada. Y eso me da más ansiedad, porque me veo obligada a comer, a fingir que estoy contenta comiendo, que la comida me gusta y me apetece un montón. Cuando en realidad solo pienso en cómo podría deshacerme de ella sin que pase por mi boca.
No se qué pensar. Me decepciono a mi misma. Pero mi estómago se cierra en banda y mi corazón empieza a latir más fuerte de lo normal. Ojalá la tierra me tragara en esos momentos. En esos momentos desearía estar bajo el edredón, y dormir y seguir alimentando al monstruo. Que como he dicho, se alimenta de una tristeza que nunca se me agota. Tengo la barriga llena de tristeza y eso mi cabeza no lo entiende.
Por suerte o por desgracia últimamente no me domina la cabeza, por mucho que esta se pelee a muerte contra el resto de mi cuerpo.
A ver si me cambian la bombilla o me apago ya del todo.

jueves, 12 de noviembre de 2015

579


No saber amar no significa estar vacío. Hoy he aprendido eso.
No saber amar significa a veces amar demasiado. Amar mal, amar insanamente. Amar a las personas equivocadas y no amar a las que debes. No saber amar implica que se te vaya de las manos. Y que de pronto vuelva y te embista. Amar mal es no filtrar, el exceso por vocación o la carencia por miedo. Yo siempre he dicho que estoy enamorada del amor, pero que yo no se amar. Y creo que es la única afirmación que ha sido cierta todos y cada uno de los días de mi vida.
Resulta que parte de mi es sempiterna.
A fin de cuentas, por muy definido que esté el término 'amor' nadie sabe explicar de qué se trata. Creo que cada uno le da un significado en consecuencia de su experiencia. Y por mi experiencia, el amar alberga algo incontrolable.
No creo que haya nadie vacío, sin amor, es algo con lo que todos nacemos. Conforme crecemos y maduramos elegimos como dosificarlo; o no dosificarlo; o guardárnoslo hasta morir con él; o darlo todo de golpe en un disparo esperando que nos vengan a devolver la bala.
Es paradójico que se pueda jugar con algo tan incontrolable como el amor. Un juguete que nos es dado desde que nacemos y que puede quitarnos la vida desde el momento en que somos conscientes de que lo tenemos. Nadie nos enseña a amar. Porque tampoco hay un manual. Creo que pocas personas saben amar bien.
Yo imagino que amar bien es regar todos los días un poquito todo lo que nos rodea, para que crezca. No ahogar de amor algo en concreto y olvidarnos de otra cosa. En realidad yo no creo que ese amor exista, pero hay tantísimas personas en el mundo que por estadística alguna, debe haber que haya alcanzado ese estado de gracia. Y esté donde esté, la envidio sobremanera. Amar sabiamente debe sentar bien; pero qué le voy a hacer, yo no se amar, y no espero aprender nunca.

Teoría romántica.


martes, 10 de noviembre de 2015

578

"De un tiempo a esta parte sufro
de constantes altibajos emocionales debido a,
o en consecuencia de, (no estoy segura)
una enorme y repentina desmotivación
que está repercutiendo gravemente
en mis estudios y vida social."
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.
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577

Se me tensa la mandíbula.
Se me encoje el pecho y la garganta.
Mi estómago es un saco lleno de nada que no para de gritarme 'no, no quiero, déjame'.
Y mi cabeza le responde 'lo se, yo tampoco quiero'.
Mi corazón dice 'pongámonos en huelga'.
Y todos le siguen a ciegas.
Y efectivamente ya ninguno funciona.
Qué me pasa.
He tirado la comida por el retrete.
He odiado cada minuto del entrenamiento.
No he escuchado ni una sola palabra de nadie.
He querido tirar mi bicicleta al arcén y mandar el día al infierno.
Qué me pasa.
Que soy todo odio y miedo y tristeza y asco y apatía.
Y de pronto subo. Y subo. Y subo. Y se me derriten las alas con el sol. Y caigo en picado. Y me estampo contra los rosales.

Don't think you're safe 'cause it's no over.

sábado, 7 de noviembre de 2015

576


Tengo la teoría de que soy un poco masoquista. Porque me aferro a lo que más me hiere, siendo esto lo que más contribuye a mi supervivencia. Es irónico. Lo que no te mata te hace más fuerte y estoy intentando aprender de mis pequeñas muertes. Me gusta aprender a base de hostias contra el suelo. Jamás creí que me gustaría tanto hacerme daño, placar, encapricharme, desencapricharme, desilusionarme, procrastinar, dudar de mí misma una y otra vez. Es sencillamente mi vida, mi autodestrucción. 
Pasar las noches en vela pensando en los por qués de los qués y los cómos, a sabiendas de que estoy desarrollando una enfermedad que me desgasta la memoria, la mirada, el corazón, esa es la esencia de quien soy ahora. Estoy enfermando al acumular sentimientos que se enfrentan y que no declaran ganador, tengo a todos mis enemigos conviviendo conmigo. Y me encanta. Y lo detesto. No me deja comer. No me deja estudiar. No me deja hablar. No me deja hacer nada. Quiero estar muy quietecita en un rincón y ver cómo pasa el tiempo. 
Ojalá supiera dónde va a terminar esto, dónde voy a acabar si sigo así. Puede que no tenga un final feliz. De hecho, estoy cien por cien segura de que no va a tener un final feliz. 
Ya no pido que nadie me rescate, he comprendido que no quiero salir de este camino de subidas y bajadas. Es más emocionante. Es excitante. Cuando el cielo está despejado no me importa respirar; se apreciar una buena brisa, pero no sabría qué hacer entre tanta luz y tanta llanura. Me desquicia más incluso que mi vorágine de problemas. Los grandes cataclismos también te permiten coger aire y hacen que cada respiro merezca más la pena. No estoy hablando desde el valor; no quiero guerra por que sea divertido pelear. Ojalá fuera eso. Al menos habría aprendido a pelear si así fuera. No, en realidad no soy valiente. Solo estoy trastornada y no se distinguir ya lo que duele de lo que no, porque dejo que todo me haga daño, de cualquier forma. Estoy asustada. Cansada. Perdida. Y a veces me levanto, echo a correr y busco darme bien fuerte contra un muro, esperando que eso me haga sentir viva o me reconecte de nuevo.
Hace un tiempo escribí afirmando que había encontrado la paz, una paz fría y acogedora, que me permitía sumergirme en ella sin ahogarme. Creo que ha empezado a cristalizarse y me hallo rodeada de hielo que se mueve violentamente, que me atraviesa. La paz ya no existe, nunca existió, solo aprendí a convivir con la locura. 
Podría afirmar que me encuentro peor que nunca. Ni si quiera se qué hacer al respecto. No se si hay una salida, una alternativa. No se si quiero salir siquiera. Para mí esto es ya rutina. No me imagino de otra manera. Desquiciada dentro de una carcasa de cerámica que apenas expresa. No me mostraré, no creo que sea lo más adecuado. No sabría enfrentarme a la reacción del mundo. No se enfrentarme a mí misma, imagínate que me enfrento al mundo. 

No voy a pedir ayuda esta vez, pero quiero que sepas que las cosas no me van muy bien. Me vengo abajo con todo el artesonado. Se nos hunde el barco.
Trastrorno disociativo.

611

Ahora escribo en un cuaderno muy pequeñito todas las cosas que quiero ordenar en mis pensamientos. Lo llevo siempre encima, aunque much...