domingo, 29 de junio de 2014

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A veces solo me hace falta mirar al cielo, más allá del azul ilimitado y dejar que se me infle el pecho y entre en mi toda esa energía que proviene de más allá de las estrellas. Son pequeños momentos en los que me explota la mente y se convierte en polvo estelar, y se expande; se expande y rellena cada milímetro de mi cuerpo.
En un espacio infinito y desconocido, aterrador, de pronto, encuentras una pequeña luz que aunque débil, es constante. Y te dice que no tengas miedo, que hay alguien en alguna parte que te observa y te cuida, que te guía. Es una luz cálida y etérea, y te rodea poco a poco, hasta envolverte y adormecer tus sentidos para reducirte a lo que realmente eres.