domingo, 28 de octubre de 2012

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Al final ocurrió lo que venía previendo que pasaría. Me he normalizado. Que asco, ¡Me he normalizado!
Le tengo miedo a ser distinta, le he cogido pánico. En mi interior sigue viva la vocecita que me dice que haga lo que quiera porque quiero hacerlo. No es que ser normal esté mal, es cómodo, es tranquilo, nadie te mira ni bien ni mal y los días pasan sin mas. Y no me gusta en absoluto. No me gusta que los días pasen sin mas.
Es posible que mi mayor impedimento para volver atrás, sea mi entorno. He acostumbrado a la gente a mi normalidad, cuando hago algo fuera de lo común, les asusto y me da terror que puedan apartarse de mi solo porque quiero volver a ser yo.
Voy a cortarme el pelo corto, pretendo ponerme a dieta (aunque me tire tres años para lograrlo) y estar canija o al menos no obesa. Limpiarme el cutis, comprarme un pintalabios chillón y hacerme un tatuaje en el pecho y en la nuca (eso último puede que espere por aquello de mi fobia a las agujas).
Y esa es otra, ¡Soy una cobardica! Me he convencido a mi misma de que... no se, que tengo vértigo, que me dan miedo coger a los animales, no se, bobadas, en realidad soy capaz de enfrentarme a ellas, pero todo sea por no cambiar demasiado, vaya a espantar al personal. A nadie le gusta la gente demasiado versátil. A mi me gustaría ser todos los días de una forma distinta, porque una persona no es de una forma siempre, cambia con los días, con los meses o con los años. Todo depende de cómo te levantes por la mañana.
Y hace algún tiempo, me desperté por la mañana y aborrecía mi vida. ¡Ya basta! me dije, ahora todo irá como yo quiera que vaya. Hay que creerse capaz para empezar, quiero cambiar, pero creyendo que puedo cambiar, que puedo ser quien realmente quiero ser. Aunque ese alguien sea voluble y no guste a todo el mundo... No se puede gustar a todo el mundo.