domingo, 26 de julio de 2015

565

Y de repente en mitad de la conversación me ha dado un ataque de los míos y he sentido una añoranza terrible, descomunal. He comenzado a echar en falta a muchísimas personas, que por suerte no faltan, que solo están lejos, física, temporal y emocionalmente. Y me ha entrado pánico por que hablábamos del apocalípsis y me aterroriza pensar que no habre podido abrazarles de nuevo, o darles las gracias, o aprender más de ellos. En mitad de la conversación me he salido de mi cuerpo solo para comprobar lo muy lejos que estoy se todo el mundo, los kilómetros que yo y solo yo, he impuesto entre esas personas y yo. Y más miedo aún me ha dado el comprender que únicamente de mi depende el salvar las distancias y aliviar esta ansiedad. 
Pero hay personas a las que no debo regresar para quedarme, ni mucho menos, o seré víctima del "nunca es lo que pudo haber sido". Y ya sabes que la incertidumbre me destruye. Que la nostalgia sea un mapa, y la memoria una via de doble sentido. No está prohibido visitar el pasado, y traerse souvenirs al presente. Pues con ellos no olvidamos y aplacan esa añoranza y la sensación de tiempo malgastado que devora mis fuerzas y que a día de hoy y a esta hora, me esta consumiendo.

No me gusta hablar del fin de la humanidad, porque me lleva a pensar en estas cosas y al final lo reduzco todo al hecho de que he repartido pocos abrazos en mi vida. Y quizás ya no tengo tiempo, u oportunidades para volver a hacerlo.
Y quién sabe. Porque yo no.

sábado, 18 de julio de 2015

564


¿Sabéis esa escena que la gente monta cuando entra en pánico, en la que se tapa los oídos y tararea de forma frenética una cancioncilla buscando la forma de calmarse?

Bueno, pues esta es mi canción:


But i refused the red rose bush
and gave the willow tree
that all the world may plainly see
how my love slighted me
how my love slighted me

jueves, 9 de julio de 2015

563

A veces me pregunto si te arrepentiste de escribir esas palabras en el último minuto, justo antes de irte. No se si eras consciente de ello, eran algo ambiguas, pero muy duras. Muy duras. Se podría decir que te inmolaste, llevándote por delante a muchas personas cuando publicaste eso. No solo a las personas que aparecen insinuadas y mencionadas, también las que no aparecen. Todos querían formar parte de esa última carta y a la vez algunas rezaban por no aparecer. ¿Qué pasaba mientras la escribías?¿Porqué decidiste que lo último que dirías al mundo iba a ser algo que hiciera daño? Quizás ni te planteaste que pudiera herir a alguien; supongo que para ti era la última bocanada de aire antes de dejar de respirar. 
Eres el mayor misterio al que jamás me he enfrentado.

Ayer leí este blog entero, desde la entrada 1 a la 562 y vi que no te mencioné jamás en ninguna entrada, hasta que me dejaste, momento a partir del cual fuiste el destinatario de todas mis confesiones. No se cómo debo interpretarlo/me. Solo se que todo, hasta día de hoy, es producto de aquel momento. Y por ende yo también. Pero eso no arroja luz a ningún rincón de la inmensidad. Te escribo aquí queriendo iluminar un poco mi alrededor, si bien no siempre lo consigo. Recuerdo que tu también escribías para ti, a tu manera, muy fluido y coloquial, casi a modo de escritura automática. Pero yo no entendía nada, yo era muy pequeña y en mi cabeza reinaba el algodón de azúcar. Me hace gracia que tu fueras el único que conseguía leerme entre líneas. Recuerdo una yo vestida de negro, maquillada hasta las orejas y armada de pinchos y cadenas que miraba con odio a su alrededor. Pero tu me regalabas por mi cumpleaños gominolas, helados, no me dejabas dormir, me matabas a cosquillas, me llevabas a nadar a un lago, me llamabas princesa y corazón.
Me he desviado.

No he vuelto a leer esa carta, a veces me arrepiento de no haberla guardado, pero a la vez me alegro. A saber qué niveles de masoquismo habría alcanzado. O lo habría atribuido al romanticismo. Quién sabe. 
La cosa es que tengo la sensación de que mi conciencia y mi memoria me protegen al no recordar muy bien esa carta. Doy gracias a mi intelecto mediocre y a mi falta de retentiva. 
Me pregunto si te arrepentiste de escribir esa carta, pero presupongo que no. No eras tu muy de arrepentirte, creo que cada uno de tus pasos estaba medido al detalle aunque al resto del mundo le costara creerlo. Lo tenías siempre todo controlado y si algo se te escapaba jamás cundía el pánico. Como envidiaba eso de ti, y lo sigo haciendo. 
En esa carta decías cosas muy duras a muchas personas, aunque fuiste ambiguo como sólo tu sabías serlo. Es por ello que quizás no le di tanta importancia como lo hizo el resto, que trataban de descifrarla como si fueran a hallar una terrible verdad con respecto a ti. Como si ninguno de ellos tuviera secretos, rencores y espinas clavadas en el alma. Recuerdo que en una ocasión, un verano te enfadaste muchísimo conmigo, colérico como nunca antes te había visto. Qué miedo. Y yo no entendía nada (creo que tú pensabas que yo era más lista de lo que aparentaba y eso te enfadaba aun más) y nunca te pedí perdón cuando por fin logré entenderlo. No se si te arrepentiste de algo antes de irte, pero yo si que me arrepiento de muchísimas cosas. 

Dicen que la memoria exagera nuestros recuerdos y no podemos evitarlo. Que pocas cosas son tal y como las recordamos. Que influye nuestra experiencia, nuestros prejuicios y obviamente los sentimientos. Habrá a quien esto le disguste, pero a mi me encanta recordar mis ratos contigo como grandes hazañas y locuras que jamás volveré a hacer con nadie. Me da igual si en esa carta escribiste algo negativo con respecto a mi o no, que no supe interpretar. También le quitaré hierro a lo mal que me portaba contigo de pequeña, lo ingrata que era y lo nerviosa que me ponías, debido a mi colosal tontuna preadolescente. Me arrepiento muchísimo de no haberte correspondido ahora que soy consciente de cuanto me aportabas tu a mi.

He de confesarte que cuando me vienes a la cabeza en mis divagaciones, ya no me pongo tan triste como antes. A veces incluso sonrío para mis adentros y me siento dichosa, mirando a mi alrededor, como si tuviera algo que nadie más tiene; recuerdos donde tú apareces, experiencias que sólo tu me has garantizado y lecciones que guardaré como un tesoro.

A veces me pregunto si te arrepentiste de escribir esas palabras en el último minuto, justo antes de irte. Espero que no lo hicieras, pero ahora que ya no queda de ti más que el recuerdo y muchos trastos, espero que estés donde estés sepas que te equivocaste con muchas personas. Ya no serviría de nada arrepentirse, pero está bien darse cuenta de los errores de uno mismo, incluso cuando es tarde. No vas a arreglar nada desde allí arriba con respecto a tus errores en vida, pero estoy segura, de que podrás descansar mucho más a gusto por las noches si aceptas que cometiste un grave error dejando tras de tí tan duras preguntas.

Desde hace algunos meses ando obsesionada con la paz, con la mía. ¿Sería un error, si digo que se ha convertido en mi mayor prioridad en la vida?¿Sería una locura creer que dialogando contigo podré acercarme a ella, al menos, a la idea de paz?

Sonríeme y dame una patada de vez en cuando, necesito tanto cal como arena.
Un beso, un abrazo y un te quiero. 
Me he quejado de mi memoria torpe y exagerada, pero en mi mente ha quedado a fuego grabado el único "te quiero" y el mejor y más autentico que jamás he recibido de tí.
Yo también te quiero.

miércoles, 8 de julio de 2015

562



No sé si es que ya no tengo tanta paciencia como antes o si es que ahora tengo mucho más amor propio que hace cinco años. Pero no he aguantado más. No he sabido controlarlo ni llevarlo ni filtrarlo. Esta vez me he tapado la boca y me he largado. Sé que no hice lo correcto, pero los demás nunca lo hacen y estoy harta de justificarlos en mi cabeza para poder seguir conviviendo con ellos. En mi cabeza todo funciona mal, pero eso me permite sobrevivir. Como si ese fuera mi objetivo, o como si tuviera uno.

Hoy no te escribo una carta de las mías a mano, porque estoy realmente enfadada y uno no debe utilizar medios lentos para procesar una combustión. No hace ni dos horas que alguien me dijo que yo era insensible, que no había furia en mi interior. Oh, no sabe lo mucho que se equivoca. He ido acumulando a lo largo de estos años un arsenal de inquietudes y divagaciones que al no encontrar buen puerto se iban quedando a la deriva, en mi triangulo de las bermudas personal. Sí, yo me enfurezco, los contratiempos me dan rabia, las personas me hace montar en cólera y por supuesto que soy sensible. El simple hecho de cuestionar mi sensibilidad ya me cabrea. O quizás lo que más me cabrea es que haya quien se sienta conforme, pensando que la cólera y la furia son sentimientos legitimados y que tenemos la obligación de sentir, porque si no “es que no tenemos sensibilidad”. Maldita sea que asco, que rabia me da que mi entorno esté tan envenenado, tan negro, que la gente crea que es natural –y que por ello está justificado- el sentir odio.

El mundo está alimentado desde que nace con odio. Aversión. Un sistema de ¿defensa? O ¿de ataque? Un sistema de defensa convertido en un arma terrible. ¿Contra qué o quién? No niego que existan cosas que den mucho miedo, cosas que nos aterroricen hasta decir basta. Hasta obligarnos a atacar, supongo. Quizás por esto es por lo que está justificado odiar. Sentir ira. Pues en mi opinión es muy triste llegar a esa conclusión. Legitimar así una actitud negativa es como justificar las agresiones físicas en respuesta a una ofensa. A fin de cuentas, cuando descargas tu furia contra alguien, le estás agrediendo. Estás atacando, hiriendo. Creando más odio, más miedo.

El odio no es un sentimiento justificado, ni mucho menos. Ante el miedo, uno no debe atacar para defenderse del miedo, debe eliminar el miedo, hacerse fuerte. No crear un muro dentro del cual poder moverte con seguridad. Hacerse fuerte consiste en saber moverse con seguridad sea cual sea el terreno. No tener miedo te hace más fuerte. No sentir odio te hace más fuerte. La furia y la ira no te hacen más “sensible” y mucho menos más fuerte frente a las adversidades.

No sé si es que ya no tengo tanta paciencia como antes o si es que ahora tengo mucho más amor propio que hace cinco años. Sea como sea no me importa, porque sé que en mi interior, existe y siempre existirá ese triángulo de las bermudas al que mando a morir todos mis demonios y eso me hace feliz.

He conocido la paz. Porque he ido a buscarla. Es una paz fría, y a la vez acogedora. Me permite sumergirme sin ahogarme. Y no voy a dejar que nada ni nadie me aparte de esta paz, que si bien no es la más equilibrada me ha permitido reconciliarme conmigo misma. No, no será ese mi modo de caminar a través de las adversidades, sean del tipo que sean. Ni tampoco será mi final, morir cargada de odio y miedo, víctima de mí misma. Ser a la vez la única culpable, víctima y testigo.

Lo que más siento de todo esto, es tener que contradecirme, aunque no se si es odio. Creo que es pena, lástima. Aunque, como ya he dicho, las cosas funcionan mal dentro de mi cabeza. 

En cualquier caso, un abrazo, un beso muy fuerte y espero que sigas ahí. No se si los fantasmas pueden leer el pensamiento, pero sería fantástico, porque tendría muchas menos cosas que explicarte. Se me da muy mal. Crucemos los dedos