miércoles, 31 de marzo de 2010

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Sonrie picaramente. Yo simplemente suspiro, sin querer imaginarme lo que va ha pasar.
Definitivamente hago fuerza contra él y le empujo hasta el borde del lavabo, en el cual, él opta por quitarse la camiseta, la misma que llevaba anoche, dejando al descubierto esa gama de virtudes que poseía. Y esa piel, tan suave y tersa que no tardo en acariciar con la yema de mis dedos. Su cuello, su hombro, su brazo, su vientre, su cintura, el borde de sus vaqueros... Las suyas me sostienen la cabeza, revolviendo mi pelo dulcemente tras mis orejas. Sonrio mecánicamente, aun con sus labios pegados a los mios. Él se separa un par de centimetros y clava sus ojos en los mios.
Marrones, como los de Alex.
Pero no iguales por supuesto, los de Alex son inigualables. Quita sus manos de mi cabeza y bajan hasta mi cintura, rozando levemente sus manos contra mi piel. Nisiquiera se me pone la piel de gallina.
Cojo aire disimuladamente antes de volver a acariciar sus labios.
Es extraño, pero, no noto calor. No siento calidez en estos besos. No la que sentia antes. Me entristece cercionarme de ello.
Agarra el borde de mi camiseta y mecánicamente me la quito, dandole gusto a su vista que me recorre de arriba a abajo en menos de un segundo, satisfaciendole por lo que parece. Ansiosamente, sus manos se desplazan hasta el botón de mis vaqueros que, por lo visto, mas hábiles que las mias son. Hago lo mismo con sus pantalones y en poco mas de tres pasos, él me arrastra, agarrando el borde de mis boxers con la punta de su dedo, hasta el interior de la bañera.
Me entran ganas de llorar.
Ni siquiera estoy excitado.
¿Pero qué me pasa?
Con el morbo que da hacerlo en una bañera calentita y espumosa. Y con un chico tan atractivo como él.
Bueno, se lo que es que Marcos te excite, pero no se por qué, no es esta ocasion.
El agua parece demasiado fria cuando mis pies la tocan. Aun asi, el vapor que desprende se pega a nuestras pieles rapidamente y el pelo se me empapa rapidamente. Marcos quita el tapón y enciende el paso del agua, para que de pronto, mas agua, aparentemente caliente, caiga sobre nuestras cabezas, como una lluvia templada y tibia.
Una lágrima me resbala por la mejilla, pero rapidamente se confunde con el resto de gotas que caen a nuestros pies. No me atrevo a sentir nada en este momento.
Tengo miedo.
Ahora tengo miedo de sus caricias, de sus besos, de mirarle a los ojos y darme cuenta de que realmente me ama.
Y asi darme cuenta de que yo, realmente no le amo.

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Ahora escribo en un cuaderno muy pequeñito todas las cosas que quiero ordenar en mis pensamientos. Lo llevo siempre encima, aunque much...