jueves, 9 de julio de 2015

563

A veces me pregunto si te arrepentiste de escribir esas palabras en el último minuto, justo antes de irte. No se si eras consciente de ello, eran algo ambiguas, pero muy duras. Muy duras. Se podría decir que te inmolaste, llevándote por delante a muchas personas cuando publicaste eso. No solo a las personas que aparecen insinuadas y mencionadas, también las que no aparecen. Todos querían formar parte de esa última carta y a la vez algunas rezaban por no aparecer. ¿Qué pasaba mientras la escribías?¿Porqué decidiste que lo último que dirías al mundo iba a ser algo que hiciera daño? Quizás ni te planteaste que pudiera herir a alguien; supongo que para ti era la última bocanada de aire antes de dejar de respirar. 
Eres el mayor misterio al que jamás me he enfrentado.

Ayer leí este blog entero, desde la entrada 1 a la 562 y vi que no te mencioné jamás en ninguna entrada, hasta que me dejaste, momento a partir del cual fuiste el destinatario de todas mis confesiones. No se cómo debo interpretarlo/me. Solo se que todo, hasta día de hoy, es producto de aquel momento. Y por ende yo también. Pero eso no arroja luz a ningún rincón de la inmensidad. Te escribo aquí queriendo iluminar un poco mi alrededor, si bien no siempre lo consigo. Recuerdo que tu también escribías para ti, a tu manera, muy fluido y coloquial, casi a modo de escritura automática. Pero yo no entendía nada, yo era muy pequeña y en mi cabeza reinaba el algodón de azúcar. Me hace gracia que tu fueras el único que conseguía leerme entre líneas. Recuerdo una yo vestida de negro, maquillada hasta las orejas y armada de pinchos y cadenas que miraba con odio a su alrededor. Pero tu me regalabas por mi cumpleaños gominolas, helados, no me dejabas dormir, me matabas a cosquillas, me llevabas a nadar a un lago, me llamabas princesa y corazón.
Me he desviado.

No he vuelto a leer esa carta, a veces me arrepiento de no haberla guardado, pero a la vez me alegro. A saber qué niveles de masoquismo habría alcanzado. O lo habría atribuido al romanticismo. Quién sabe. 
La cosa es que tengo la sensación de que mi conciencia y mi memoria me protegen al no recordar muy bien esa carta. Doy gracias a mi intelecto mediocre y a mi falta de retentiva. 
Me pregunto si te arrepentiste de escribir esa carta, pero presupongo que no. No eras tu muy de arrepentirte, creo que cada uno de tus pasos estaba medido al detalle aunque al resto del mundo le costara creerlo. Lo tenías siempre todo controlado y si algo se te escapaba jamás cundía el pánico. Como envidiaba eso de ti, y lo sigo haciendo. 
En esa carta decías cosas muy duras a muchas personas, aunque fuiste ambiguo como sólo tu sabías serlo. Es por ello que quizás no le di tanta importancia como lo hizo el resto, que trataban de descifrarla como si fueran a hallar una terrible verdad con respecto a ti. Como si ninguno de ellos tuviera secretos, rencores y espinas clavadas en el alma. Recuerdo que en una ocasión, un verano te enfadaste muchísimo conmigo, colérico como nunca antes te había visto. Qué miedo. Y yo no entendía nada (creo que tú pensabas que yo era más lista de lo que aparentaba y eso te enfadaba aun más) y nunca te pedí perdón cuando por fin logré entenderlo. No se si te arrepentiste de algo antes de irte, pero yo si que me arrepiento de muchísimas cosas. 

Dicen que la memoria exagera nuestros recuerdos y no podemos evitarlo. Que pocas cosas son tal y como las recordamos. Que influye nuestra experiencia, nuestros prejuicios y obviamente los sentimientos. Habrá a quien esto le disguste, pero a mi me encanta recordar mis ratos contigo como grandes hazañas y locuras que jamás volveré a hacer con nadie. Me da igual si en esa carta escribiste algo negativo con respecto a mi o no, que no supe interpretar. También le quitaré hierro a lo mal que me portaba contigo de pequeña, lo ingrata que era y lo nerviosa que me ponías, debido a mi colosal tontuna preadolescente. Me arrepiento muchísimo de no haberte correspondido ahora que soy consciente de cuanto me aportabas tu a mi.

He de confesarte que cuando me vienes a la cabeza en mis divagaciones, ya no me pongo tan triste como antes. A veces incluso sonrío para mis adentros y me siento dichosa, mirando a mi alrededor, como si tuviera algo que nadie más tiene; recuerdos donde tú apareces, experiencias que sólo tu me has garantizado y lecciones que guardaré como un tesoro.

A veces me pregunto si te arrepentiste de escribir esas palabras en el último minuto, justo antes de irte. Espero que no lo hicieras, pero ahora que ya no queda de ti más que el recuerdo y muchos trastos, espero que estés donde estés sepas que te equivocaste con muchas personas. Ya no serviría de nada arrepentirse, pero está bien darse cuenta de los errores de uno mismo, incluso cuando es tarde. No vas a arreglar nada desde allí arriba con respecto a tus errores en vida, pero estoy segura, de que podrás descansar mucho más a gusto por las noches si aceptas que cometiste un grave error dejando tras de tí tan duras preguntas.

Desde hace algunos meses ando obsesionada con la paz, con la mía. ¿Sería un error, si digo que se ha convertido en mi mayor prioridad en la vida?¿Sería una locura creer que dialogando contigo podré acercarme a ella, al menos, a la idea de paz?

Sonríeme y dame una patada de vez en cuando, necesito tanto cal como arena.
Un beso, un abrazo y un te quiero. 
Me he quejado de mi memoria torpe y exagerada, pero en mi mente ha quedado a fuego grabado el único "te quiero" y el mejor y más autentico que jamás he recibido de tí.
Yo también te quiero.