martes, 24 de enero de 2012

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Puedo sonar egocéntrica, repelente, engreída o prepotente, pero me da igual, necesito desahogarme. Hago bien las cosas. Soy buena en lo que hago y lo saben. Lo saben y se que lo dicen. Lo dicen de manera que yo no me entere, que todo el mundo lo sepa, bien, guay; ¿porqué? Ni idea, no tiene sentido. Pero nadie sabe que de esa forma me hacen creer que no hago nada bien. Suena a gilipollez así dicho. Me explico:

Hoy vinieron unos recién licenciados en bellas artes a mi clase de Dibujo Artístico, jóvenes, abiertos, simpáticos, artistas, a mirar cómo trabajábamos, nuestro nivel y esas cosas. Bueno, yo esperaba este día con ansiedad, y el hecho de que se adelantara el día ya me puso extremadamente contenta-nerviosa. Iba a conocer a gente que, de una manera u otra admiraba, porque tenían lo que yo más ansiaba, eran lo que yo aspiraba a ser algún día. Quería que me dijeran qué opinaban de mi trabajo, qué veían bien o mal, qué me faltaba, qué podría hacer para mejorar. Intercambiar con ellos todo lo que les diera tiempo en dos horas de clase que teníamos.
Bueno.
Al poco de que empezaran a mirar nuestros trabajos, comenzó a surgir un agradable ambiente en clase. Risas, charlas, correcciones, bromas. Todos estos licenciados miraban las pinturas de los demás y de ahí surgía algo, positivo o negativo, pero surgía un intercambio de conocimientos que yo ansiaba experimentar.

Pero ninguno de estos recién licenciados se dignó a dirigirme la palabra cuando pasaban frente al mío. Lo miraban, a mis espaldas. No los veía, pero lo sabía, sabía que lo estaban mirando, y que lo que veían les estaba gustando (más tarde estas sospechas fueron confirmadas por mis compañeros) pero no tuvieron la amabilidad de decirme: "Oye, que bien" ni "muy bonito" o simplemente un "sigue así".

De pronto en la puerta se aglomeraba gente de otra clase que se asomaba por la puerta de cristal y miraban descaradamente mi lienzo, con caras que no supe descifrar hasta que una compañera me dijo "Ese ha dicho que está genial tu busto". Me entró la típica vergüenza-humildad-nerviosismo que me suele entrar cuando alguien me dice que le gusta lo que hago. ¿Pero de qué me servía que gente a través de un cristal mirara a la clase y dijera "Está genial" solo por que ellos no saben hacerlo.

Me alejé de mi lienzo varias veces, sin perderle de vista, para comprobar que estos licenciados se acercaban a mi lienzo y sonreían, "qué guay" o "qué nivel". Se daban cuenta de que estaba mirándoles, se giraban y seguían su camino al siguiente lienzo.
Dios, no se por qué me sentí tan mal, tan humillada y tan desconsolada. Me entraron ganas de tirar mi lienzo por que de qué me serviría si nadie era tan amable como para acercarse a decirme algo. Cualquier cosa.
Mis compañeros dicen que no me han dicho nada por que está perfecto, que a ellos les dijeron cosas por que los suyos no estaban bien, que tenían defectos y ellos se los corregían.

Eso no me vale en absoluto.
Yo solo quería que alguien, (que no fuera mi profesora, que irremediablemente tiene que animarme, por que así lo pone en su contrato) me animara. Alguien parcial, con los estudios que ojalá algún día yo tenga, que no me conociera y que sólo conociera lo que le presentara ante sus ojos. Quería una opinión objetiva. ¿Es mucho pedir?¿Tan mal lo hago entonces?

En esas dos horas, me sentí como si en una perrera, expusieran a todos los perritospara que los adoptaran. Y esas alegres familias se llevaran a todos esos imperfectos, pero adorables perritos. A todos menos a uno. Uno demasiado bueno, como para atenderlo correctamente, al que dejaron solo en su jaula. Yo sería ese perro.

- En ocasiones, no viene mal que alguien te de una palmadita en la espalda y te diga "buen trabajo", ¿verdad? 
- No papá. No viene nada mal...


Dios, la entrada más egocéntrica y ególatra que he escrito nunca. Pero también, de las más sinceras.

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