lunes, 2 de diciembre de 2013

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He estado meditando sobre ello, y he llegado a la conclusión de que a veces siento unas cosas, pensado justo lo contrario... Y es todo contradictorio, porque me sumerjo en unos debates personales conmigo misma impresionantes.

Por ejemplo, pienso que alguien debería morirse. Pero me siento mal por pensarlo, lo que me hace llegar a la conclusión de que por pensar así, yo también debería morirme. Porque nadie se merece morir. Luego pienso que no puedo ser tan dura conmigo misma, como si fuera un crimen pensar así. Todo el mundo piensa esas cosas, y mucho peores... Pero luego pienso que no puedo excusarme en el "todo el mundo lo hace" y vuelvo a sentirme mal. Me riño a mi misma por haber pensado lo primero y a continuación busco maneras de compensar mis malos deseos del principio. Y finalmente acabo sintiendo lo que mi cara B sabe que es lo correcto, pero que es lo que mi cara A no siente realmente. Me intento autoconvencer, reprimiendo mis sentimientos que se que claramente no son correctos.

Es decir, tengo una idea muy arraigada (y en mi opinión equilibrada, justa y realista) de qué es lo que correcto, lo moral y lo ético. Pero a pesar de ello, muchas veces actúo de forma opuesta a esta opinión. Por suerte, se cuando obro mal contradiciendome y se cuando enorgullecerme de hacer las cosas como las hago.

Es un constante análisis, debate y batalla entre lo que pienso y lo que siento. Y a ver quién gana.


¿Es esto el comienzo de una hermosa bipolaridad?

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