lunes, 10 de diciembre de 2012

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Tendría que haberte llamado. Pero últimamente no estoy muy por la labor de hacer nada de lo que me propongo. 
Quería desearte un feliz cumpleaños, y unos felices dieciocho. Y disculparme por no haber ido a Sevilla este puente, a pesar de las excusas tan insulsas que te di. También pedir disculpas por no haberte felicitado antes. Es lo típico de que quieres decir algo importante y no la típica felicitación de "cuidado, que ahora puedes ir a la cárcel".

Los dieciocho no son fáciles. En mi caso, fue verme capaz de hacer mil cosas y al mismo tiempo, no poder hacerlas por que quizás realmente no las quería y no quería arriesgarme. Bueno, quizás no tuve unos dieciocho muy sencillos, pero espero que tu si los tengas. O bueno, en el fondo no. Ojalá se te compliquen las cosas lo suficiente para que te motiven y te inquieten constantemente. Estáte siempre en movimiento, si no, los dieciocho se irán rapidísimo, y los diecinueve pasarán a ser de pronto como si tuvieras sesenta y te verás incapaz de hacer nada. Te diría que te habla la voz de la experiencia, pero no se si es esto lo que yo he vivido o si es la sensación que me dejó mi paso a la adultez. 
No quiero que por culpa de esto, sientas que se avecina una época deprimente, pero quiero que sepas que si no lo remedias, así será. Que hay que estar siempre alerta, siempre abierta, dinámica e invencible. Los dieciocho son para comenzar a probar personalidades, pensar de distinta forma todos los días hasta dar en el clavo. Los dieciocho son para desarrollar sin límites el alma y darle infinitos matices, para acabar haciéndola única. 

Tu no eres como yo, (por suerte) y es por eso que en el fondo tengo la esperanza de que tu forma de ser no te permitirá ser tan débil e inestable como yo. Que te será más difícil caer en la desidia que a mi. Además, a ti te ha tocado una vida envidiable (ya sabes que yo la envidio) y que es uno de los motivos por los que deseo muy muy fuerte que exprimas al máximo todo lo que te rodea. Se que sabrás hacerlo, siempre y cuando no te dejes vencer como me ha pasado a mi. 

Sabes que te quiero tanto como a mi hermana, y ojalá como hermana que te considero, estuvieras por aquí más a menudo, o yo estuviera por allí todo lo que desearía. Por eso te doy estos consejos tan extraños y confusos. Para que al menos tu, ya que Beatriz no se dignaría a leerme/escucharme sin cuestionarse más de la cuenta. Tu eres reflexiva y creo que te vendrá bien que de vez en cuando me ponga seria y paranoica. Ojalá alguien me hubiera dado lecciones como éstas a mi. 

Un beso y un abrazo muy fuerte pequeña. Siempre tendrán un hueco en nuestra habitación, entre Bea y yo, aunque eso implique no dormir en toda la noche.
Felices dieciocho.

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