jueves, 14 de junio de 2012

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Hace un mes me compré una pececita. Hace unos días me compré un pececito. Una es naranja, el otro es negro. Tienen nombre, película y canción por ahora.  Ya les iré atribuyendo más y más cosas. Los he acogido en mi casa y mimado demasiado. Los tengo como reliquias y símbolos de la fugacidad de mi presente. Cuando crezcan demasiado los tendré que donar a un estanque, donde se pondrán gordos, redondos y tendrán muchos amiguitos naranjas, negros, dorados, blancos... Cambian todos los días un poquito. Como yo. Pero siempre tienen el mismo nombre, película y canción favorita.
La pececita naranja se llama Miss Sunshine, su película (¿Adividas?) es la de Pequeña Miss Sunshine y su canción es la Sucede que a veces, de Ismael Serrano. Es hiperactiva, glotona como ella sola y te hipnotiza con su abrir y cerrar de boca. Te persigue el dedo por el cristal de la pecera y le gusta comer piedras.
El pececito negro es Mister Moonlight (Original, ¿eh?) es más tranquilo y hubo gran disputa por bautizarlo. Al principio quería llamarle Romeo, pero no iba a tener una Julieta, y no. Luego pensé en Moonshine, pero finalmente se quedó con Moonligh. Su película  es la de Midnight in París de Goody Allen y su canción la de Send me an angel, de Scorpions. Es nuevo todavía pero siempre está siguiendo a Miss Sunshine. Come despacio y por eso tengo que coger con la red a Miss Sunshine para dejarle comer algo. Sus ojos pimpollos son una fuente de inspiración y se deja acariciar tan majamente.
Cuando los done al estanque, me compraré otro par. Y todo volverá a cambiar, yo seguiré cambiando y seguiremos mimándonos.

Creo que estos dos son culpables de que últimamente esté tan feliz.

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