jueves, 6 de mayo de 2010

158

Vi tus dos ultimas fotos y no supe si echarme a reir o a llorar. Preferi no moverme y comencé a cubrirme de egoismo. De egocentrismo.
Deseé tener un saco de boxeo frente a mi en vez de su foto. Para derrochar ambición, vanidad, suficiencia, altivez, endiosamiento, engreimiento, vanidad, pedantería, presunción, petulancia, soberbia y arrogancia.
Reirme de lo que no tiene gracia.

Me hubiera gustado ser irónica en ese momento. Pero no pude hacer mas que mirarle. Reconocer que, me parecía ridiculo. Pero sonaría absurdo, pues no pienso asi. Aunque debo pensarlo. Debo creermelo para poder tapar todos los huecos y arañazos que hay en mi escudo.
El ectoplasma se cuela por ellos y me hiere.
Pero frunzo el ceño y me propongo correr.
Correr y dejarlo atrás.
Que me pesa el alma, lo se, es lo que pesan los recuerdos. Es el lastre que nos vemos obligados a arrastrar durante toda la vida. Un saco enorme lleno de indeseables momentos. Tan efímeros como eternos.
Sin causa ni solución.

Y bajo las persianas, enciendo la luz blanca y cierro la puerta.
Solo quiero escuchar una voz fuerte y serena, diciendo cosas que a muchos cuesta entender.
Y pintar un caballo tirado en mitad de un papel.
Si volviera atrás saldría a correr entre la hierba.
Corre, corre, tu que sigues vivo. Siente, siente, tu que sigues vivo. Ama, ama, tu que sigues viva.
Respondo enfurecida. No estoy para niñerías. Aprende a agradecer.
Un mosquito me obliga a alzarme en las alturas y sonrio.
Una pincelada suave sobre un bloque de granito.
Y otra vez, la voz omnipresente, serena, que me llena de paz.



la curiosidad hirió al gato.


no te preocupes, estoy bien, solo pasa que a veces las cosas no van del todo como debería ser.

¿y los fuegos artificiales?

No hay comentarios:

Publicar un comentario