domingo, 29 de noviembre de 2015

586

A veces siento que las cosas que me propongo son como querer detener la salida del sol. Las expriencias terrenales se me antojan una recuerdo borroso del que sólo puedo sacar impresiones. Ahora que se que necesito el contacto de las personas para tranquilizarme, me siento más débil que nunca. Vulnerable. Quizás debería parar y apagar.
No me voy a morir.

sábado, 28 de noviembre de 2015

585

Hoy he descubierto que hay manos que tienen poderes mágicos. Que amansan a los demonios de mi cabeza y que me da miedo soltarlas. Jamás pensé que el contacto con otra persona fuera a detener mi mundo, ese que se mueve tan frenéticamente. Cuando cogi su mano las voces de mi cabeza se callaron, y en seguida supe que había encontrado una medicina mejor que los ansiolíticos y los antidepresivos juntos. Las manos y la mirada tranquilizadora de una persona que lo más probable es que sea mi nuevo amuleto. Quiero más tardes de viernes donde poder callar las voces de mi cabeza solo con tocar sus manos.
Aunque creerá que estoy loca. Que en realidad es así.

Las manos, mi sustitutivo de orfidal. Quién lo iba a decir eh.

lunes, 23 de noviembre de 2015

584

Estoy llena de miedo. Creo que me estoy volviendo como tú. Jamás desee tal cosa.
Demasiada información que procesar en muy poco tiempo. Voy a estallar.

Deja de pensar ya, te estás consumiendo.


jueves, 19 de noviembre de 2015

martes, 17 de noviembre de 2015

582

Que me maten y me entierren ya. No lo soporto, no puedo vivir con esta tristeza, no quiero seguir triste, pero no quiero falsa felicidad, estoy harta de la felicidad superficial, de la conformidad, del estar bien solo por no estar mal. Parece que estamos obligados a ser felices. No soporto la tristeza pero aun menos soporto reírme sin ganas, estar con gente que no quiero, hacer cosas que no me llenan...
Quiero dormir eternamente, bajo las sabanas, donde nadie ni nada puede hacerme sentir cosas que realmente no siento. Donde este solo yo y lo único auténtico que me queda, mi tristeza y mis ideas elevadas que se me escapan a cada suspiro que doy.

domingo, 15 de noviembre de 2015

581


Hoy por primera vez en la semana, me he reído. No sonreído absurdamente o soltado una carcajada fácil. Me he reído hasta partirme por la mitad. Risas que hacen temblar las paredes. De las que estallan.
Quizás ha sido el plato de arroz.
Quizás ha sido la agenda nueva y un te de canela.
O quizás simplemente fue el rugby. Que de nuevo me salva la vida.
O más bien ha decidido perdonármela en este sábado incierto. Ha pasado curiosamente rápido, y eso empezaba a echarlo de menos.
La soledad me sienta mal, por mucho que tu lo digas corazón.
Mañana será otro día del que no esperar nada. A ver qué nubes me acechan.

viernes, 13 de noviembre de 2015

580

Últimamente siento la necesidad de escribir aquí todos los días. Quiero dejar constancia de todo lo que siento porque yo misma no doy crédito de ello. A veces me aterra y otras me calma. Y luego lo leo todo y es como ver una película de miedo una y otra vez. Hay a quienes les gustan las películas de miedo. De locos está lleno el mundo.

Mi película de terror de ahora es la de comer. No entiendo muy bien que parte de mi cabeza se ha roto para que yo rechace/evite/deteste la hora de comer. Me da angustia. No me apetece, estoy llena de tristeza, no cabe ni una galleta.
La sensación de que me va a explotar el pecho de la presión que siento cada vez que me preguntan que qué quiero de comer no la había sentido nunca.
Vivo en una familia dada al buen comer. Es imposible no comer en esta casa si estas acompañada. Y eso me da más ansiedad, porque me veo obligada a comer, a fingir que estoy contenta comiendo, que la comida me gusta y me apetece un montón. Cuando en realidad solo pienso en cómo podría deshacerme de ella sin que pase por mi boca.
No se qué pensar. Me decepciono a mi misma. Pero mi estómago se cierra en banda y mi corazón empieza a latir más fuerte de lo normal. Ojalá la tierra me tragara en esos momentos. En esos momentos desearía estar bajo el edredón, y dormir y seguir alimentando al monstruo. Que como he dicho, se alimenta de una tristeza que nunca se me agota. Tengo la barriga llena de tristeza y eso mi cabeza no lo entiende.
Por suerte o por desgracia últimamente no me domina la cabeza, por mucho que esta se pelee a muerte contra el resto de mi cuerpo.
A ver si me cambian la bombilla o me apago ya del todo.

611

Ahora escribo en un cuaderno muy pequeñito todas las cosas que quiero ordenar en mis pensamientos. Lo llevo siempre encima, aunque much...