miércoles, 8 de julio de 2015

562



No sé si es que ya no tengo tanta paciencia como antes o si es que ahora tengo mucho más amor propio que hace cinco años. Pero no he aguantado más. No he sabido controlarlo ni llevarlo ni filtrarlo. Esta vez me he tapado la boca y me he largado. Sé que no hice lo correcto, pero los demás nunca lo hacen y estoy harta de justificarlos en mi cabeza para poder seguir conviviendo con ellos. En mi cabeza todo funciona mal, pero eso me permite sobrevivir. Como si ese fuera mi objetivo, o como si tuviera uno.

Hoy no te escribo una carta de las mías a mano, porque estoy realmente enfadada y uno no debe utilizar medios lentos para procesar una combustión. No hace ni dos horas que alguien me dijo que yo era insensible, que no había furia en mi interior. Oh, no sabe lo mucho que se equivoca. He ido acumulando a lo largo de estos años un arsenal de inquietudes y divagaciones que al no encontrar buen puerto se iban quedando a la deriva, en mi triangulo de las bermudas personal. Sí, yo me enfurezco, los contratiempos me dan rabia, las personas me hace montar en cólera y por supuesto que soy sensible. El simple hecho de cuestionar mi sensibilidad ya me cabrea. O quizás lo que más me cabrea es que haya quien se sienta conforme, pensando que la cólera y la furia son sentimientos legitimados y que tenemos la obligación de sentir, porque si no “es que no tenemos sensibilidad”. Maldita sea que asco, que rabia me da que mi entorno esté tan envenenado, tan negro, que la gente crea que es natural –y que por ello está justificado- el sentir odio.

El mundo está alimentado desde que nace con odio. Aversión. Un sistema de ¿defensa? O ¿de ataque? Un sistema de defensa convertido en un arma terrible. ¿Contra qué o quién? No niego que existan cosas que den mucho miedo, cosas que nos aterroricen hasta decir basta. Hasta obligarnos a atacar, supongo. Quizás por esto es por lo que está justificado odiar. Sentir ira. Pues en mi opinión es muy triste llegar a esa conclusión. Legitimar así una actitud negativa es como justificar las agresiones físicas en respuesta a una ofensa. A fin de cuentas, cuando descargas tu furia contra alguien, le estás agrediendo. Estás atacando, hiriendo. Creando más odio, más miedo.

El odio no es un sentimiento justificado, ni mucho menos. Ante el miedo, uno no debe atacar para defenderse del miedo, debe eliminar el miedo, hacerse fuerte. No crear un muro dentro del cual poder moverte con seguridad. Hacerse fuerte consiste en saber moverse con seguridad sea cual sea el terreno. No tener miedo te hace más fuerte. No sentir odio te hace más fuerte. La furia y la ira no te hacen más “sensible” y mucho menos más fuerte frente a las adversidades.

No sé si es que ya no tengo tanta paciencia como antes o si es que ahora tengo mucho más amor propio que hace cinco años. Sea como sea no me importa, porque sé que en mi interior, existe y siempre existirá ese triángulo de las bermudas al que mando a morir todos mis demonios y eso me hace feliz.

He conocido la paz. Porque he ido a buscarla. Es una paz fría, y a la vez acogedora. Me permite sumergirme sin ahogarme. Y no voy a dejar que nada ni nadie me aparte de esta paz, que si bien no es la más equilibrada me ha permitido reconciliarme conmigo misma. No, no será ese mi modo de caminar a través de las adversidades, sean del tipo que sean. Ni tampoco será mi final, morir cargada de odio y miedo, víctima de mí misma. Ser a la vez la única culpable, víctima y testigo.

Lo que más siento de todo esto, es tener que contradecirme, aunque no se si es odio. Creo que es pena, lástima. Aunque, como ya he dicho, las cosas funcionan mal dentro de mi cabeza. 

En cualquier caso, un abrazo, un beso muy fuerte y espero que sigas ahí. No se si los fantasmas pueden leer el pensamiento, pero sería fantástico, porque tendría muchas menos cosas que explicarte. Se me da muy mal. Crucemos los dedos



martes, 16 de junio de 2015

561

Socorro, ayudame, me he quedado sola con mis pensamientos y no se qué hacer. Está empezando a llover muy fuerte. Y truenan los demonios. Me agobio. Me ahogo. Quiero escapar de mi cabeza.

sábado, 13 de junio de 2015

560

Me pregunto por qué la esperanza es lo último que se pierde. Debería ser lo primero. Muchas personas habrían sobrevivido a día de hoy si lo primero que hubieran perdido hubiera sido la esperanza. Yo entre ellas. Habría sobrevolado tanta destrucción, sería tan feliz ahora... Sería una persona completamente distinta. Podría no estar vacía. Cuando existe el vacío cabe la posibilidad de llenar ese vacío. Ahí se crea la esperanza. Todos estamos un poco vacíos, otros más y otros menos. Si no, la esperanza no existiría. No habría esperado que te recuperaras, no habría esperado mejorar, olvidarte. No habría esperado a nadie nunca, y nadie habría podido herirme. La esperanza debería ser lo primero que se pierda cuando nos enfrentamos al futuro. Sería la armadura perfecta contra la incertidumbre. 
La incertidumbre me vuelve loca, me desespera, me exaspera, me desquicia y me desborda. Me convierte en alguien vulnerable y ridículo. Esto es porque siempre espero mucho, de mucha gente, da igual el nivel de relación que tenga con ellos. No dejo de esperar de los demás, ¿significará esto que soy muy dependiente de los demás?¿significará esto que no se avanzar yo sola?¿significará esto que me dejaste en mitad de la nada completamente perdida y dependiente de mi alrededor? Absolutamente si. No se dar un paso sin temblar de miedo. Me dejaste así de indefensa. Esa es la razón de que siga estancada: la esperanza, la incertidumbre, el miedo. 


Y tú que te creíste perfecta, equilibrada, experimentada. Ridícula.



PD: El otro día estuve en un concierto de La Maravillosa Orquesta del Alcohol y creí verte entre las luces. Fue mágico. Por un momento creí que me recomponía.

sábado, 2 de mayo de 2015

domingo, 8 de marzo de 2015

558


La verdad es la adecuación de nuestra interpretación 
de la realidad a la realidad que percibimos, 
y lo mio es una simple y basta mentira.

lunes, 2 de febrero de 2015

557



Hace mucho tiempo que no escribo. Que no te hablo. Este blog se ha convertido en una especie de medio a través del cual hablar contigo y conmigo. En parte no he aparecido por aquí porque he tenido un dedo roto y en parte porque no he tenido tiempo de respirar.

Pero mira, te cuento cosillas asi medio importantes que han pasado estos dos meses. Jugué en Córdoba contra Jaén y ensayé cuatro veces. Bueno, valieron tres, en una se me cayó el balón. Ese día fue pletórico, y me temo que no sabría decirte la fecha, no se me ha quedado grabada maldita sea. Tengo mala memoria para algunas cosas. 
Para lo que no tengo mala memoria es para decirte el día que me rompí el dedo, también jugando contra Jaén, en Jaén, un precioso sábado 13 de Diciembre. Y su consecuente operación el día 18. Qué terror. Qué pánico. Cuánto lloré de puro miedo. Y de pensar en el futuro próximo que me esperaba. Y que estoy sufriendo aún. Me operaron y me ensartaron en dedo con dos hierros a modo de tapón de sifón de botella de casera antigua. Ha sido una tortura. Ya no solo el dolor y las noches llorando de miedo porque no sabía qué me pasaba y porqué dolía tantísimo. Si y además me caí de bruces con los hierrecitos. En fin. No fue solo eso lo que dolió. Dolió echar por tierra meses y meses de trabajo de físico, rugby, entrenamientos, gimnasio, el parón (me había puesto hecha un toro, ¡levantaba 60kg en barra olímpica!) También dolió no poder dar el 100% de mi en nada todo este tiempo. Suena tonto cuando dices que no has podido hacer nosequé por que tienes un dedo roto, pero eso es así cuando nunca te has roto un dedo.

Como el año anterior, he vuelto a tener unas vacaciones y un diciembre convaleciente y con toda mi familia volcada sobre mí. Con lo que yo odio que la gente me mime, y me haga, y me pregunte, y esté todo el día encima mía. Con lo independiente que yo soy. Supongo y aunque suene a gilipollas, que el hecho de ser el centro de atención es otra de las cosas que más me han jodido de tener el dedo roto. 

Increíblemente y tras dos meses de muy duro trabajo y sacrificio, he terminado el primer cuatrimestre de mi primer año de carrera sana, salva y con todo aprobado (¡Incluso Arqueología!). Y la semana que viene empiezo el siguiente cuatrimestre. Estoy muy muy ilusionada. Me encanta empezar de cero, asignaturas nuevas, profes nuevos, una carpeta nueva, y encima se acercará el calorcito y yo estaré de mejor humor cuando avance la rehabilitación y vuelva a hacerme asidua al gimnasio y a miralbaida (por cierto, mi equipo va viento en popa, ¡mejor que nunca! Te harían los ojos chiribitas si vieras lo que tenemos entre manos. ¡Qué niñas!)

En fin. Todo ha estado muy muy negro estos últimos meses. Salí del año con el pie izquierdo, volví a entrar con el pie izquierdo y vamos, no noté la diferencia. Solo que tuve que apretar el doble.

Fátima y Nerea están bien. Y Camacho también. O eso creo. Me temo que les he desatendido bastante desde que mi dedo reclama todo el protagonismo. Y estoy ya harta, la verdad, admito que no me gusta que me mimen, pero a mi me encanta cuidar de la gente y me da rabia no estar más con ellos, poder hacer cosas con ellos y en general hacer vida social como me gustaría. Por otro lado ellos están también peleando sus batallas y trato de apoyarlos todo lo que puedo desde mi posición. No puedo descuidar los tres regalos con los que me dejaste, ya sabes, tengo una responsabilidad para contigo.

Dame fuerzas, dame paciencia. Y transmiteme un poco de tu sabiduría y alegría, porque estoy a punto de colapsar. Ya te lo contaré otro día. Hoy solo era actualizarte y que sepas que todo va lo mejor que consigo que vaya. Estoy tirando de todo lo mejor que puedo, te lo prometo. Y tratando que no me duela el corazón. 
Un fuerte abrazo estés donde estés, un beso y un hasta la próxima.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

556


Tu lo habrías hecho mejor, lo se. Y quizás yo también lo habría hecho mejor. Eso no lo se. Estoy muy cansada, no quiero seguir, me quiero sentar a mirar como pasa el tiempo y hacerme de piedra.

Lo hago todo lo mejor que puedo, te lo prometo. Pero es este miedo constante. El no saber salir.

611

Ahora escribo en un cuaderno muy pequeñito todas las cosas que quiero ordenar en mis pensamientos. Lo llevo siempre encima, aunque much...