miércoles, 14 de noviembre de 2018

606


Qué me dirías si vieras la violencia que albergo. Si vieras cómo discuto conmigo misma hasta llegar a las manos. Hasta ahorcarme para acallarme. Porque lo veo, y no tengo nada que hacer contra ello. No puedo bajarme de la rueda, por primera vez en mi vida, realmente no puedo y me estoy dando cuenta ahora. Estoy congelada en medio del caos. Sin poder gritar, sin poder llorar, sin poder parar. Sólo observando cómo pasa el tiempo, cómo se suceden los días. Porque inevitablemente el tiempo pasa, para lo bueno y para lo malo. Y tengo que soportarlo sea como sea.

Recuerdo el día en que decidí no soportarlo más. El día que exploté, bajé los brazos y puse fin a todo. Y dejé caer mi cabeza sobre el frío cristal de la mesa, mientras me ardían las mejillas y mis ojos se derramaban serenamente, en silencio. Y mi padre corría a buscar el teléfono para pedir ayuda. Ese mismo día, cerré una puerta y abrí la siguiente. Y aquí estoy. Qué avance. Qué ironía.

 Aprendí que no es de cobardes parar para evitar el dolor. No es de cobardes. No es huir. No es rendirse. No es ser inútil. No es malo. No es el final de todo. Sólo de lo necesario.
Pero ahora no puedo parar. No puedo explotar, ni bajar los brazos, ni romperme en silencio siquiera. Porque lo que yo creía que era el mundo, no era más de una pequeña parte de lo que en realidad se me venía encima. Y la realidad es algo que no se puede parar, ni puedo pelearme con ella siquiera o decirle lo que pienso.

Ahora sí que tengo mucho que perder, pero no tengo nada que ganar. No encuentro un resquicio por el que poder respirar y me estoy ahogando. Y sé que no es el fin del mundo. Eso también lo aprendí en su momento, que en esta vida todo tiene solución menos la muerte. Y en mi caso, la solución es el tiempo. Esta vez no hay atajos, ni ayudas, ni metáforas, ni ejercicios de respiración, esta vez sólo es el tiempo. Hasta entonces, sólo puedo ahogarme y suspirar de vez en cuando. Contención. No lo jodas todo. Porque esta vez es tu trabajo y tu camino.

Quizás me cabreo porque no llego a ninguna conclusión, a ninguna solución, no encuentro ninguna luz ni ningún clavo ardiendo al que agarrarme. Yo misma cerco mis pensamientos, porque cuanto más ahondo en ello, más me cuesta salir. Así que en realidad es un ni quiero ni puedo. Pero lo necesito. Y de una bofetada se me pasa.

No sé por qué me hago tantas preguntas si al final siempre me respondo a mí misma lo que no quiero oír.

Tu qué me dirías.

miércoles, 24 de agosto de 2016

605

Soy un siniestro rompecabezas. Cuando por fin creo haberme resuelto, descubro una imagen terrible de mi misma y siento una imperiosa necesidad de romperme en mil pedazos para no ver mi ser lleno de taras y deformaciones.

Tiendo a relacionarme con malas personas porque ello me permite ser mala y no sentirme culpable por ello. Puedo ser egoísta, irónica y cruel sin que al día siguiente quede en mi un atisbo de ello. Las buenas personas no se merecen ser maltratadas y quizás es una forma de limpiarme las impurezas para así poder mostrar mi mejor cara a las personas que quiero de verdad. No se hasta que punto este método es ético. Tampoco se si es útil. Pues ahora mismo, me he llevado a la cama toneladas de maldad y me siento muy pesada. Sucia. Porque no controlé mi consciencia y fui una víctima de mi propia estrategia.
No se si quiero ser quien soy. No estoy segura de que sepa quien soy. Me doy desagradables sorpresas contantemente y quiero creer que mi auténtico yo esta bajo esas toneladas de desorden y caos.

Tengo que elaborar un mejor plan para deshacerme de todos mis demonios. Uno que no contemple la idea de irme con personas malas a gastar balas disparando al cielo para tener el cargador vacío cuando esté con las personas que quiero. Deshacerme del arma.

Siempre me doy segundas oportunidades. De eso va mi vida.

martes, 26 de julio de 2016

604

No naciste para servir al mundo según las reglas. No sirves para memorizar datos y utilizarlos. No eres lógica. Eres impulsiva. Tu cabeza está en constante ebullición y no para de transformar las cosas constantemente. No puedes evitarlo o intentar pararlo. Eso te destroza. Tienes que mancharte, tocar, sentir con tus propias manos esas ideas mutando frenéticamente. Electricidad que surge en tu cabeza y busca una toma de tierra donde plasmar su energía.
No estas hecha para servir al mundo. Estas hecha para transformarlo. Naciste con esa capacidad de transformar el gris en color. No reniegues de ese don. No quieras encajar en este mundo maltrecho.

Supervivencia, cosmovisión y arte.

Gracias papá.

domingo, 22 de mayo de 2016

603

Últimamente soy especialista en las retiradas a tiempo. Antes de hacerme un daño irreparable, me retiro. Aunque esté desarrollando una sorprendente capacidad de restauración, es mejor invertir el tiempo en reinventarse que en arreglar cada destrozo del corazón. Viendo que lo anterior era débil, para qué recuperarlo. Por qué no probar la elegante indiferencia. No hagamos el ridículo caballeros. Obviemos los sentimientos.
Me he vuelto especialista en saber cuando debo retirarme, parar, no forzarme, no exhibirme y provocar mi destrucción. Autodestrucción. Evitémosla. Obviemos los sentimientos.
Esta bien eso de ser tu propia heroína, y alejarte tu sola del peligro sin bombas nucleares estallando entre las costillas. Saber que eres capaz de actuar según tu instinto de supervivencia y no según esa voz que te pide a gritos que te tires por cada precipicio que veas, o que te enamores de cada rayo de sol que te toque. Es agradable. Y útil. Y práctico.
Se acabó el romanticismo.


Tu no querrías esto. Imagino que no querrías que yo fuera así. Pero yo tampoco querría que tu estuvieras allí, en vez de aquí impidiéndomelo. 
Un beso, un abrazo y un te quiero estés donde estés.

domingo, 8 de mayo de 2016

601

Lamassu

He pasado de tener pesadillas a no tener sueño. A dormir a deshoras y consumirme demasiado por poco. Sólo tengo un triste álamo al que han cercado las raíces y podado hasta la copa. Ya no hay piedras a las que retirarme, ni baños con cerrojos suficientes para aislarme bajo litros y litros de agua. No hay puestas de sol impolutas a las que jurar un hasta mañana, ni estrellas fugaces que vuelen a ras del suelo, barriéndome el polvo.
No.
Ahora tengo un pequeño corazón que por las noches late sobre mi esófago. Una mirada brillante y triste como la luna pero cálida como un abrazo y suspiros que parecen que entienden porqué dudo de mí misma. Y se compadecen. Es un espíritu que a veces se acurruca llenando el vacío de mi estómago y me recuerda que mientras el resto del mundo se tiene a sí mismo, yo le tengo a él para desgarrarme la nuca si escondo la cara. Ha aprendido desde que era una idea, a ser bravo y valiente, mientras que a mi me faltan manos para construir murallas a mi alrededor. El azabache es el nuevo sol que guía mis pensamientos.
Ya no duermo por las noches de lo mucho que le necesito. Me duele el cuello de asomarme bajo la cama para cercionarme de que sigue ahí, esperando el momento en que el silencio se rompa con un "te quiero" e hipsofacto avalanzarse contra mi insomnio.

No, ya no hay nada de lo que había antes. Ya no hay imperio alguno, ni catedrales, auroras, valles o poemas. No hay ni un mal plano que permita su reconstrucción. Ahora reina un vacío cubierto de cenizas, el silencio y un espíritu guardián.

Marineros del destierro no dejéis de navegar por los que se fueron pero están.

martes, 26 de abril de 2016

600

Lo que nos amenaza de verdad y cuesta más de combatir es algo que procede de nuestro interior. El impacto y el dolor de una pesadilla pueden ser mucho mayores que el de un puñetazo. 
Asimismo, a veces lo que duele no es tanto ese puñetazo como la emoción tras él...

Para poder escondernos de las brujas teníamos que escondernos bajo los cadáveres
que se esparcían por el campo y  los que aun estaban en sus casas, pero no podíamos dejar de huir,
sin embargo era un miedo tan nebuloso que no había forma de escapar de él.


y no hay forma de huir



no hay forma de huir


y no hay forma de despertar


Quiero creer que me he vuelto muy sensible e influenciable.

611

Ahora escribo en un cuaderno muy pequeñito todas las cosas que quiero ordenar en mis pensamientos. Lo llevo siempre encima, aunque much...