domingo, 27 de septiembre de 2015

570


Hola desde el otro lado. Quizás estés viendo todo el espectáculo desde el mejor de los asientos. Y quizás te está gustando. No se si también podrás ver mi interior; si puedes, comprobarás que es más bien un cataclismo, una tormenta eléctrica entre el pánico y el coraje. Estoy intentando quedarme en la frontera pero me es muy difícil. Todo está cambiando. Yo estoy cambiando. Me atropellan los sucesos y mis propias ideas y no se cómo actuar; mas estoy actuando. Sin pensar. Por primera vez estoy actuando sin pensar. Y es muy extraño lo que uno siente tras hacer algo de corazón, sin pararse a pensar si está bien o mal. Insólito.
Espero que no estés enfadado conmigo por lo que estoy haciendo. Aunque no lo creo. De hecho me gusta imaginar que cuando te confieso mis travesuras e irracionalidades me animas con expresiones como las que tu solías usar. "No seas boba corazón, todo saldrá bien, tu sigue así, lo estás haciendo bien". Estoy segura de que aunque no estuvieras de acuerdo conmigo me animarías a seguir mis instintos, lo que realmente quiero, que no razone tanto y sea más corazón y menos cabeza. Tu siempre fuiste así. Y si uno hace lo que realmente desea, nunca le dolerá el corazón. Nadie se arrepiente nunca de su auténtico yo. No debería. 
Ya sabes, aun estoy aprendiendo. Y creo que moriré aprendiendo.

Un abrazo, un beso y un te quiero.

martes, 8 de septiembre de 2015

569



Otra vez lo he vuelto a hacer. Otra vez está pasando. Otra vez me creo con derecho a juzgar la felicidad de los demás. La primera vez perdí a uno de mis mejores amigos y doy por seguro que le herí en el alma.. La segunda, casi tiro por la borda otra amistad; una segunda oportunidad . Esta tercera... No se qué hacer esta tercera. Puede que yo tenga aun más miedo que ella. 
Y sin embargo sigo creyendo.
No se qué hacer. 
Lo hago lo mejor que puedo.
Te lo prometo.
Tal vez debería vivir en una isla desierta lejos de las personas, 
sola con mis miedos y mi instinto de salvavidas

Como no se arreglar mi mundo trato de arreglar desesperadamente el de los demás. Patología del amor.

lunes, 7 de septiembre de 2015

568

Hace ya una semana que he regresado del pueblo. No he escrito nada del pueblo este año. Este año tampoco. Si he escrito desde él. En realidad ha sido muy revelador este mes de agosto. Comienzo admitiendo que salí corriendo de la ciudad más pronto de lo habitual; lo antes que pude, atemorizada y casi ansiosa. Llegar allí fue una carcajada de incredulidad. A pesar de mi huida de la ciudad y llegar al campo con las maletas llenas de pánico, he de decir que al primer soplo de aire con sabor a madera y tierra, se esfumaron todos mis demonios. Allí no tienen donde refugiarse; solo hay kilómetros y kilómetros de campiña, dorada y verde helecho. Allí es difícil guardarte algo en el pecho. Para bien y para mal. Hemos hecho muchas cosas; tantas, que no tengo la sensación de otros años, de haber perdido el tiempo, de no haber aprovechado mi estancia allí. Qué revelador ha sido este año. Digo que allí es difícil guardarse algo en el pecho porque cada día es más deslumbrante que el anterior, una nueva paleta de colores esperando ser admirada, horas y horas que pasan perezosas y deliciosas y te permiten admirar cada detalle de todo lo que pasa durante el día (y la noche). Qué magníficas son las noches en el pueblo. Qué largas y qué perfectas. Las estrellas, la luna, las calles vacías en penumbra a las cinco de la mañana, los amaneceres. Este año he visto el amanecer más fabuloso que puedo recordar. Sublime. Siempre en compañía, he de puntualizar. Los amigos del pueblo tienen la peculiaridad de ser exclusivamente del pueblo, y eso los hace aun más importantes. Eso hace aun más importante mi mes anual en el pueblo. Este año he aprendido que las cosas no son bellas por que duren. En su fugacidad reside su esplendor. Ese pensamiento me ha acompañado desde el primer día que pisé el pueblo y me pregunté qué sería de mi el último, cuando tuviera que regresar. No me reconocía a mí misma cuando en respuesta a mis divagaciones, no encontraba otra cosa que conformidad y satisfacción. Cuando pensaba en mi vuelta, no se me disparaba el corazón, no me temblaba el pulso, como otros años atrás. Al acercarse los últimos días, no tenía miedo. Y eso era algo nuevo. Era algo tan nuevo que no sabía muy bien como reaccionar. He llegado a pensar que quizás era porque mi pueblo ya no me importaba tanto como antes; pero eso no es así ni mucho menos. Esa extraña fortaleza que de pronto me rodeaba, venia acompañada de una nostálgica alegría, y de recuerdos de todo lo que he hecho este mes de agosto: Rescatamos a un cachorro abandonado, fuimos tres veces de senderismo (de hecho nos perdimos una vez), hemos hecho una barbacoa de disfraces, bailado en las fiestas, desayunado perrunas bajo la lluvia, cantar Frozen en karaoke mientras bebemos litronas, excursiones a la civilización, visto dos lunas llenas gigantes, fotografiado las estrellas, me han hecho un retrato, he estado en fiestas huyendo de un acosador, hemos recolectado huesos de animales, he hecho un mejor amigo de cuatro patas, estrechado lazos con mis primas, he jugado a voleibol, hecho sprints en mitad de la sierra, asaltado una granja abandonada, he jugado con cabritas bebés, presenciado atardeceres colosales, me he sentido útil, he llevado tacones por esas cuestas de dios, sesiones de fotografía de desnudo, de niños, de perros, me he leído cuatro libros, hemos arreglado el mundo en debates interminables que casi se nos une el sol, he ayudado a mi hermana a superar la primera gran borrachera de su vida, he pintado y dibujado, me he reído a carcajadas, he hecho de peluquera infantil, de diseñadora de ropa, de James Dean...  Es increíble lo que puede devolverte un tiempo bien invertido. 

En conclusión, es la primera vez que vuelvo del pueblo sin ganas de morirme y me siento muy orgullosa de mi misma. Porque aunque no sepa como explicarlo, siento que este mes es el que más voy a echar de menos de toda mi vida, y a la vez es el que menos daño me ha hecho de todos los que recuerdo. 


martes, 25 de agosto de 2015

567

Voy a dejar de seguir a las personas y a comenzar a seguir mis instintos, a fin de cuentas, son ideales verdaderos; no eternos, no duraderos, pero auténticos. Nadie se arrepiente nunca de lo auténtico.
Esta noche he aprendido que en las cosas más pequeñas e insignificantes se esconden inmensos cúmulos de fuerza y poder. La chispa más pequeña puede provocar el incendio más descomunal de todos. Y quién sabe. Quizás en una de esas chispas se esconde la luz que tanto busco. 
Y si no es así, si por error lo arraso todo y me veo rodeada de cenizas y cadáveres, si mis deseos se vuelven contra mi y se convierten en pesadillas... Respiraré. 
Alguien me dijo una vez que los problemas no deben atravesarnos como flechas, sino romper contra nosotros como suaves olas del mar, pues sólo así podrás empezar de nuevo.


Hay dos cosas que debes tener constantemente presente:
1. Todo está en continua evolución, cambiante, todo a tu alrededor se mueve y en consecuencia tu también, hoy eres blanco y mañana negro, eres una suma de experiencias.
2. Nada es irreversible, puedes cambiar lo que quieras, como y cuando quieras, puedes arrepentirte o no, puedes crecer o encoger, puedes atarte o abandonarte.
Repetirlo hasta que te lo creas.

domingo, 26 de julio de 2015

565

Y de repente en mitad de la conversación me ha dado un ataque de los míos y he sentido una añoranza terrible, descomunal. He comenzado a echar en falta a muchísimas personas, que por suerte no faltan, que solo están lejos, física, temporal y emocionalmente. Y me ha entrado pánico por que hablábamos del apocalípsis y me aterroriza pensar que no habre podido abrazarles de nuevo, o darles las gracias, o aprender más de ellos. En mitad de la conversación me he salido de mi cuerpo solo para comprobar lo muy lejos que estoy se todo el mundo, los kilómetros que yo y solo yo, he impuesto entre esas personas y yo. Y más miedo aún me ha dado el comprender que únicamente de mi depende el salvar las distancias y aliviar esta ansiedad. 
Pero hay personas a las que no debo regresar para quedarme, ni mucho menos, o seré víctima del "nunca es lo que pudo haber sido". Y ya sabes que la incertidumbre me destruye. Que la nostalgia sea un mapa, y la memoria una via de doble sentido. No está prohibido visitar el pasado, y traerse souvenirs al presente. Pues con ellos no olvidamos y aplacan esa añoranza y la sensación de tiempo malgastado que devora mis fuerzas y que a día de hoy y a esta hora, me esta consumiendo.

No me gusta hablar del fin de la humanidad, porque me lleva a pensar en estas cosas y al final lo reduzco todo al hecho de que he repartido pocos abrazos en mi vida. Y quizás ya no tengo tiempo, u oportunidades para volver a hacerlo.
Y quién sabe. Porque yo no.

sábado, 18 de julio de 2015

564


¿Sabéis esa escena que la gente monta cuando entra en pánico, en la que se tapa los oídos y tararea de forma frenética una cancioncilla buscando la forma de calmarse?

Bueno, pues esta es mi canción:


But i refused the red rose bush
and gave the willow tree
that all the world may plainly see
how my love slighted me
how my love slighted me

611

Ahora escribo en un cuaderno muy pequeñito todas las cosas que quiero ordenar en mis pensamientos. Lo llevo siempre encima, aunque much...