sábado, 13 de junio de 2015

560

Me pregunto por qué la esperanza es lo último que se pierde. Debería ser lo primero. Muchas personas habrían sobrevivido a día de hoy si lo primero que hubieran perdido hubiera sido la esperanza. Yo entre ellas. Habría sobrevolado tanta destrucción, sería tan feliz ahora... Sería una persona completamente distinta. Podría no estar vacía. Cuando existe el vacío cabe la posibilidad de llenar ese vacío. Ahí se crea la esperanza. Todos estamos un poco vacíos, otros más y otros menos. Si no, la esperanza no existiría. No habría esperado que te recuperaras, no habría esperado mejorar, olvidarte. No habría esperado a nadie nunca, y nadie habría podido herirme. La esperanza debería ser lo primero que se pierda cuando nos enfrentamos al futuro. Sería la armadura perfecta contra la incertidumbre. 
La incertidumbre me vuelve loca, me desespera, me exaspera, me desquicia y me desborda. Me convierte en alguien vulnerable y ridículo. Esto es porque siempre espero mucho, de mucha gente, da igual el nivel de relación que tenga con ellos. No dejo de esperar de los demás, ¿significará esto que soy muy dependiente de los demás?¿significará esto que no se avanzar yo sola?¿significará esto que me dejaste en mitad de la nada completamente perdida y dependiente de mi alrededor? Absolutamente si. No se dar un paso sin temblar de miedo. Me dejaste así de indefensa. Esa es la razón de que siga estancada: la esperanza, la incertidumbre, el miedo. 


Y tú que te creíste perfecta, equilibrada, experimentada. Ridícula.



PD: El otro día estuve en un concierto de La Maravillosa Orquesta del Alcohol y creí verte entre las luces. Fue mágico. Por un momento creí que me recomponía.

sábado, 2 de mayo de 2015

domingo, 8 de marzo de 2015

558


La verdad es la adecuación de nuestra interpretación 
de la realidad a la realidad que percibimos, 
y lo mio es una simple y basta mentira.

lunes, 2 de febrero de 2015

557



Hace mucho tiempo que no escribo. Que no te hablo. Este blog se ha convertido en una especie de medio a través del cual hablar contigo y conmigo. En parte no he aparecido por aquí porque he tenido un dedo roto y en parte porque no he tenido tiempo de respirar.

Pero mira, te cuento cosillas asi medio importantes que han pasado estos dos meses. Jugué en Córdoba contra Jaén y ensayé cuatro veces. Bueno, valieron tres, en una se me cayó el balón. Ese día fue pletórico, y me temo que no sabría decirte la fecha, no se me ha quedado grabada maldita sea. Tengo mala memoria para algunas cosas. 
Para lo que no tengo mala memoria es para decirte el día que me rompí el dedo, también jugando contra Jaén, en Jaén, un precioso sábado 13 de Diciembre. Y su consecuente operación el día 18. Qué terror. Qué pánico. Cuánto lloré de puro miedo. Y de pensar en el futuro próximo que me esperaba. Y que estoy sufriendo aún. Me operaron y me ensartaron en dedo con dos hierros a modo de tapón de sifón de botella de casera antigua. Ha sido una tortura. Ya no solo el dolor y las noches llorando de miedo porque no sabía qué me pasaba y porqué dolía tantísimo. Si y además me caí de bruces con los hierrecitos. En fin. No fue solo eso lo que dolió. Dolió echar por tierra meses y meses de trabajo de físico, rugby, entrenamientos, gimnasio, el parón (me había puesto hecha un toro, ¡levantaba 60kg en barra olímpica!) También dolió no poder dar el 100% de mi en nada todo este tiempo. Suena tonto cuando dices que no has podido hacer nosequé por que tienes un dedo roto, pero eso es así cuando nunca te has roto un dedo.

Como el año anterior, he vuelto a tener unas vacaciones y un diciembre convaleciente y con toda mi familia volcada sobre mí. Con lo que yo odio que la gente me mime, y me haga, y me pregunte, y esté todo el día encima mía. Con lo independiente que yo soy. Supongo y aunque suene a gilipollas, que el hecho de ser el centro de atención es otra de las cosas que más me han jodido de tener el dedo roto. 

Increíblemente y tras dos meses de muy duro trabajo y sacrificio, he terminado el primer cuatrimestre de mi primer año de carrera sana, salva y con todo aprobado (¡Incluso Arqueología!). Y la semana que viene empiezo el siguiente cuatrimestre. Estoy muy muy ilusionada. Me encanta empezar de cero, asignaturas nuevas, profes nuevos, una carpeta nueva, y encima se acercará el calorcito y yo estaré de mejor humor cuando avance la rehabilitación y vuelva a hacerme asidua al gimnasio y a miralbaida (por cierto, mi equipo va viento en popa, ¡mejor que nunca! Te harían los ojos chiribitas si vieras lo que tenemos entre manos. ¡Qué niñas!)

En fin. Todo ha estado muy muy negro estos últimos meses. Salí del año con el pie izquierdo, volví a entrar con el pie izquierdo y vamos, no noté la diferencia. Solo que tuve que apretar el doble.

Fátima y Nerea están bien. Y Camacho también. O eso creo. Me temo que les he desatendido bastante desde que mi dedo reclama todo el protagonismo. Y estoy ya harta, la verdad, admito que no me gusta que me mimen, pero a mi me encanta cuidar de la gente y me da rabia no estar más con ellos, poder hacer cosas con ellos y en general hacer vida social como me gustaría. Por otro lado ellos están también peleando sus batallas y trato de apoyarlos todo lo que puedo desde mi posición. No puedo descuidar los tres regalos con los que me dejaste, ya sabes, tengo una responsabilidad para contigo.

Dame fuerzas, dame paciencia. Y transmiteme un poco de tu sabiduría y alegría, porque estoy a punto de colapsar. Ya te lo contaré otro día. Hoy solo era actualizarte y que sepas que todo va lo mejor que consigo que vaya. Estoy tirando de todo lo mejor que puedo, te lo prometo. Y tratando que no me duela el corazón. 
Un fuerte abrazo estés donde estés, un beso y un hasta la próxima.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

556


Tu lo habrías hecho mejor, lo se. Y quizás yo también lo habría hecho mejor. Eso no lo se. Estoy muy cansada, no quiero seguir, me quiero sentar a mirar como pasa el tiempo y hacerme de piedra.

Lo hago todo lo mejor que puedo, te lo prometo. Pero es este miedo constante. El no saber salir.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

555

Hola. Hola... Se que estás por ahi. Y se que me estarás mirando con lástima y compasión. Porque no tengo por donde agarrar la situación, porque ya esta todo establecido. Regresión a la media.

No se si estuviste atento, pero hice cosas que jamás me crei capaz de hacer. Y me gustó, salirme del molde tan soberbiamente me hace implosionar de felicidad.
No entiendo como tan de repente, he vuelto al principio. Al cero absoluto. A la nada.

Stick to the status quo.

sábado, 15 de noviembre de 2014

555



Llevo desde hace un tiempo con un fuerte nudo en el estómago que se hace más grande conforme más se acerca el final del año. Desde que he empezado a trabajar a destajo, tengo la sensación de que he empeorado como persona y eso me da mucho miedo. Por primera vez en mucho tiempo estoy actuando como una adulta responsable de sus actos y no se si me estoy pasando con la responsabilidad, porque me siento desbordada. Uso mucho esa palabra últimamente. Desbordada. Interpreto desbordada como ese momento en que suceden muchísimas cosas a tu alrededor, atropellándose las unas a las otras, creando un caos incontrolable, tirando muy fuerte de las riendas que creías controlar, y no sabes donde mirar, ni a qué agarrarte, ni dónde situarte, e instintivamente te llevas las manos a la cara y cierras los ojos, mareada y cansada, respirando rápida y profundamente, dejando que todo tome el camino que esté destinado a tomar. Sintiendo por unos instantes que no pasa nada, que está bien que todo se vaya de madre durante un momento, concienciándote de que tendrás que empezar de cero y que eso no es malo. No es malo comenzar de cero y retomar el control paulatinamente. O eso he creído yo siempre. Me he subido a un tren del que no puedo bajarme y va muy rápido. No estoy acostumbrada a este ritmo de vida, pero en parte me gusta tener algo que hacer constantemente, moverme, conocer y aprender, tener sitios a los que ir, temas que investigar y meditar...
Pero, ¿Y las personas? Oh, aqui es donde me aterrorizo. Aqui es donde creo que me he tropezado. Estoy dejando de lado a la gente, me estoy dando cuenta de que cada día me intereso menos por los demás, y cuando caigo en la cuenta me abordan mil preguntas y preocupaciones que si no resuelvo en el momento se me acumulan y me hacen de lastre a la hora de trabajar. Soltar ese lastre de golpe sería tremendamente egoísta, pero es la manera de seguir con mi ritmo y no salir herida. O de ignorar la herida. Creo que estoy empeorando como persona, porque ya no me importan tanto las personas. O por que si me importan, pero ignoro por completo esa responsabilidad para con las personas que yo misma me impongo. Y se crea la bipolaridad. Y me mata de miedo y de pena. Qué sería yo sin las personas. Claro que qué sería yo sin mi acelerado ritmo de vida. No hay balanza para medir esto, porque nadie es más importante que yo, ni yo no soy más importante que nadie.



Quizás tu sabrías que hacer. O no, o quizás tu fueras uno de los atropellados por el tren.

611

Ahora escribo en un cuaderno muy pequeñito todas las cosas que quiero ordenar en mis pensamientos. Lo llevo siempre encima, aunque much...